Cómo lograr cambiar de manera elegante y eficaz.

“No podemos solucionar los problemas pensando de la misma forma cómo los creamos”, Albert Einstein

Mi interpretación de la frase de Einstein, que no arroja muchas dudas, por cierto, es que las personas que crean un problema no pueden resolverlo por la simple y sencilla razón de que estas personas son el problema. Y yo creo que Einstein, tan acertado en muchas cosas, en esta andaba errado y pienso demostrárselo en este artículo. Lo que me lleva a hablar de cambio personal.

Me considero un experto en cambio personal, tanto para realizarlo en mí mismo como ayudar a cualquier persona que así me lo solicite. De hecho, uno de los conceptos que más me llamó la atención de la Programación Neurolingüística y me llevó fervorosamente a aprenderla y practicarla, cosa que haré hasta el final de mis días. fue su enorme posibilidad de provocar el cambio.

Richard Bandler, uno de los cocreadores de la PNL, comentaba en sus cursos en vivo que, si algo los había animado a desarrollar esta ciencia, la PNL, fue que descubrieron que lo que más quería la gente en su época era cambiar. Las personas, según su apreciación, buscaban el cambio profundo y fundamental, y lo hacían a través de las muchas opciones de terapia que siempre han existido en la sociedad norteamericana y que, en la mayoría de las ocasiones, eran perfectamente inútiles. La PNL, finalmente, proporcionaba un método eficaz y elegante para lograr un auténtico cambio.

“Las personas no se resisten a cambiar; se resisten a ser cambiadas”, Richard Bandler

Tengo la impresión de que las cosas han cambiado desde 1974, fecha en que se desarrolló la PNL, y la actualidad, mediados del 2020. Las personas ya no desean cambiar, al menos no tanto como en aquella época. De hecho, nos hemos ido transformando, según mi opinión, en una sociedad que buscaba cambiar personal e interiormente a una sociedad de personas que creen que todos sus problemas se arreglan con cambios externos.

No te gusta tu pareja o no te hace feliz, sin problema. Hay muchas más opciones de pareja y sexos que nunca en la vida. No te gusta el supermercado, elige otro que también dirá que es el más barato. No te gusta tu ropa, no pasa nada. Hay una enorme cantidad de nuevas opciones de ropa basura de un par de puestas porque saldrá más barato comprar una nueva que lavar la vieja. No te gusta tu jefe, pues ya sabes. Ajo y agua, que no todo se puede cambiar.

Lo mismo aplica a los políticos, al vecindario o a la ciudad donde vives si me apuras. Pero nada relacionado con el cambio personal.

Incluso en mi círculo de relaciones más cercano, incluyendo a mi familia directa, ninguno siente la menor necesidad de cambiar personalmente, de mejorar en algún aspecto. Reconocen sus puntos débiles o áreas de oportunidad, pero no entienden que se pueda hacer algo con estas debilidades.

Existen varias razones por las que nos hemos alejado del cambio y no todas son internas. Una de las más importantes es que se nos ha educado para pensar que el cambio está afuera y no dentro. Con esta educación es más fácil manipular a la sociedad, convenciéndola de que la solución a nuestros problemas está en alguien más y no en nosotros. Es una negación total de la responsabilidad personal.

Otra razón muy poderosa es que no entendemos en absoluto lo que significa cambio personal y para qué sirve. Pero si analizamos la vida tal y como es, parece que la siguiente gráfica demuestra cómo parecen funcionar las cosas en este mundo:

De ella se deduce que si queremos cambiar nuestra realidad o nuestro destino debemos cambiar nuestra manera de evaluar el mundo, es decir, debemos cambiar cómo interpretamos la realidad, es decir, debemos cambiar nosotros. Los siguientes son los principales secretos del cambio personal que harán posible el cumplimiento de grandes metas, sueños y destinos.

  1. Aceptar responsabilidad personal.

Esto significa aceptar que todo lo que nos ocurre, al menos en alguna medida, está relacionado y causado por nosotros mismos. Somos los creadores de nuestras experiencias, repito que al menos en alguna medida. De otra forma, la vida no tendría sentido si no tuviesen las personas, yo mismo, algún poder sobre ella.

Las circunstancias actuales nos hacen pensar, una vez más, que nadie ha causado la pandemia y mucho menos yo. Pero es que tampoco tengo nada que ver con la crisis del 2008, ni con la anterior, ni con la de 1929. Y como yo no causé nada de esto, se deduce entonces que nada puedo hacer para resolverlo. Pero eso sería tan tonto como pensar que porque no provoqué yo la lluvia no puedo usar un paraguas para no mojarme.

El primer secreto del cambio personal es aceptar responsabilidad personal por superar los retos de la vida. Soy tan incisivo en este punto que hasta en las teorías más conspiratorias del mundo me siento culpable. Solo así se justifica el cambio, para lo cual antes tenemos que definirlo.

  1. Definir bien qué es cambio y cuándo es necesario.

La palabra cambio es lo que se conoce en el mundo de la PNL como una “nominalización”. Es decir, un sustantivo que no tiene definición precisa. Y es claro que la palabra cambio es indefinible en esencia. Unos ejemplos. Una mujer le dice a su marido algo así como “Ya no eres el mismo, has cambiado”. Pero si lo miras fijamente, kilos más o menos, arrugas más o menos, es el mismo individuo con el que esa mujer se casó.

Y, en todo caso, definir con precisión su cambio es tarea imposible por definición. Otro ejemplo: los candidatos a presidentes de cualquier país hablan siempre de que ellos representan el cambio, lo cual es evidente también por definición, salvo en aquellos lugares en los que hay reelección en donde solo pueden usar la idea del cambio en la primera.

Sin embargo, inevitablemente al final de sus mandatos el proceso de cambio es siempre severamente cuestionado, porque, aunque hubo un cambio de persona indiscutible, para muchas personas la vida siguió simplemente igual. Como vemos prometer el cambio es muy sencillo y rentable a la hora de ganar elecciones o casarse.

Para efectos prácticos, podemos usar una definición de la palabra que puede resultar, inclusive, universal en su uso y comprensión. Podemos decir que cambiamos cuando podemos percibir una diferencia notoria entre dos estados emocionales, uno previo y otro posterior, a consecuencia de ciertas acciones o agentes de cambio.

  1. Definir los dos estados de conciencia que detonan el cambio.

El cambio se da, y es condición sine qua non, cuando se establecen dos estados del ser: el estado deseado y el estado actual. El estado deseado es al que queremos llegar y el actual es en el que estamos. Resulta obvio que si no sé a dónde voy no me muevo, y si no sé dónde estoy, puede que me mueva pero que nunca llegue a donde deseo llegar.

Para definir el estado deseado, tenemos que ser conscientes de cómo nos queremos sentir para lo que necesitaremos objetivos, metas, sueños, llámelos como quiera. Los objetivos son esos conceptos que nos hacen aparecer ante los demás como seres vivos, demuestran que estamos vivos.

Lo que sigue es saber de dónde partimos con cierto nivel de precisión. De nuevo, la primera cualidad de la Inteligencia Emocional, la Autoconciencia, resulta fundamental para este propósito. Y una condición fundamental acerca de este estado actual es que nos tiene que doler seguir ahí. Los objetivos o metas dirigen, el dolor mueve. Sin dolor no hay movimiento, sin objetivo no hay dirección.

Podemos sentir dolor por circunstancias externas, lo que se conoce como llegar al umbral emocional, o por el uso de nuestros recursos mentales e intelectuales. Pero aun experimentando dolor por el estado actual y siendo dirigidos por un objetivo valioso e inspirador, necesitamos una buena estrategia para llegar al estado deseado con el menor esfuerzo y el mínimo sufrimiento. Y ese es el siguiente secreto.

  1. Contar con una estrategia de cambio efectiva.

Las mejores estrategias de cambio se obtienen modelando a las personas que ya saben hacerlo. Un estudio detallado de los pasos de la mejor estrategia de cambio del mundo nos dice que esta, la estrategia, consta de los siguientes pasos:

    1. Definir un objetivo que cumpla los criterios de un objetivo bien formado. Use la técnica SMART o la desarrollada por la PNL.
    2. Encontrar suficiente dolor para moverse de donde está. Pregúntese “¿Cuáles son las consecuencias desagradables que experimentaré si me quedo donde estoy?”. SI no las encuentra, invéntelas, sea Nostradamus por un momento y visualice un futuro demoledor. O use la técnica Dickens, la de los tres fantasmas de la novela Un cuento de Navidad”.
    3. Asocie placer a ya haber alcanzado el objetivo. Ponga en su mente con claridad lo bien que se va a sentir cuando haya llegado a su destino.
    4. Decida y muévase. Como dice Richard Bandler, en el mundo del futuro hacer cualquier cosa da más resultados que no hacer nada. Lea historias de éxito y aprenda. Casi toda historia de éxito en los negocios comienza con el ahorro y el riesgo. Ahorrar y arriesgarse es doloroso, pero debe de ser menos doloroso que quedarse donde está.
    5. Realice un cambio personal en sus valores y en sus creencias. Pida ayuda a un coach si hace falta, pero los mismos valores y creencias lo dejarán inevitablemente en el mismo lugar en que se encuentra ahora. Para buscar nuevos valores y creencias, estudie a las personas que ya han encontrado o logrado lo que usted anhela. Por ejemplo, una creencia del multimillonario Buffet que tal vez valga la pena considerar en hacerla propia es que el dinero no sirve para otra cosa que para verlo crecer.
    6. Sea sensible. Si se da cuenta de que no se está acercando a su meta, deténgase y recuerde que su compromiso es con la meta y no con el camino. Si tiene que cambiar de estrategia, hágalo sin vacilar. Es casi imposible encontrar que existe uno y solo un camino para llegar a una meta.
  1. Ser consciente de que va a cambiar, lo quiera o no.

El cambio se va a dar, con su participación consciente o sin ella. El cambio es una constante en la naturaleza así que la mejor estrategia es que lo dirija usted. Pero si decide sentarse en el asiento final del autobús y que sea otro el que lo conduzca, así será. Pero de que cambiará, cambiará.

No existe forma de modificar nuestras experiencias de vida sin hacer primero los cambios personales necesarios que sean congruentes con las experiencias de vida que deseamos tener. Como decía Gandhi, debemos ser nosotros el cambio que queremos ver en el mundo. Cualquier otra cosa es vana ilusión.

Y es por esto por lo que Einstein estaba equivocado en su frase de inicio de este artículo. Yo cambiaría la frase de la siguiente forma:

“No podemos resolver los problemas que nosotros hemos causado a menos de que dominemos el cambio personal y seamos diferentes a quienes crearon los problemas”. Y créame, esto es perfectamente posible.

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